Sí, que allí se han fabricado castillos en el aire, torres de viento, donde están muy encastillados, sin querer salir de su quimera.

Castillos
en el aire.
Según eso, dijo Critilo, todas sus torres vendrán á serlo de confusión y, por no ser Janos de prudencia, les picarán las cigüeñas manuales señalándolos con el dedo y diciendo:

¿Éste no es aquel hijo de aquel otro?

De suerte, que con lo que ellos echaron á las espaldas los demás les darán en el rostro.

Otros muchos, prosiguió el Quirón, se han subido á las nubes. Y aun hay quien, no levantándose del polvo, pretende tocar con la cabeza en las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios imaginarios, camaranchones de su presunción; pero la mayor parte hallaréis acullá sobre el cuerno de la luna y aun pretenden subir más alto, si pudieran.

Tiene razón, voceó Andrenio. Acullá están, allá los veo y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros, según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una cara y ya otra. Y aun ellos también no cesan entre sí de armarse zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.

¡Hay tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar proprio del hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en este medio y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¡Hay tal disparate!

Sí lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta lástima para unos y de risa para otros, ver que el que ayer no se levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre el hombro el que ayer llevaba la carga en él, el que nació entre malvas pide los artesones de cedro, el desconocido de todos hoy desconoce á todos, el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su padre. El que ayer no tenía para pasteles, asquea el faisán, blasona de linajes; el de conocido solar, el vos, es señoría. Todos pretenden subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los de un toro, pues, estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con ejemplar infamia.

Fieras
ciudadanas.
Fuélos guiando á la plaza mayor, donde hallaron paseándose gran multitud de fieras y todas tan sueltas como libres, con tan notable peligro de los incautos. Había leones, tigres, leopardos, lobos, toros, panteras, muchas vulpejas. Ni faltaban sierpes, dragones y basiliscos.

¿Qué es esto?, dijo turbado Andrenio. ¿Dónde estamos? ¿Es esta población humana ó selva ferina?