El pobre
más pobre. Llegaron más cerca y conocieron que era basura dorada. Al contrario, á las puertas de los pobres y desvalidos había unas tan profundas y espantosas simas, que causaban horror á cuantos las miraban y así ninguno se acercaba de mil leguas. Todos las miraban de lejos. Y es lo bueno que todo el día sin cesar muchas y grandes bestias estaban acarreando hediondo estiércol y lo echaban sobre el otro, amontonando tierra sobre tierra.
¡Cosa rara!, dijo Andrenio. Aun economía no hay. ¿No fuera mejor echar toda esta tierra en aquellos grandes hoyos de los pobres, con que se emparejara el suelo y quedara todo muy igual?
Así había de ser, para bien ir, dijo Quirón. Pero ¿qué cosa va bien en el mundo? Aquí veréis practicado aquel célebre imposible, tan disputado de los filósofos, conviniendo todos en que no se puede dar vacío en la naturaleza. He aquí, que en la humana esta gran monstruosidad cada día sucede. No se da en el mundo á quien no tiene; sino á quien más tiene. Á muchos se les quita la hacienda porque son pobres y se les adjudica á otros porque la tienen. Pues las dádivas, no van sino adonde hay ni se hacen los presentes á los ausentes. El oro dora la plata, ésta acude al reclamo de otra: los ricos son los que heredan; que los pobres no tienen parientes. El hambriento no halla un pedazo de pan y el ahito está cada día convidado. El que una vez es pobre, siempre es pobre y de esta suerte todo el mundo le hallaréis desigual.
¿Pues por dónde iremos?, preguntó Andrenio.
Echemos por el medio y pasaremos con menos embarazo y más seguridad.
Paréceme, dijo Critilo, que veo ya algunos hombres, por lo menos que ellos lo piensan ser.
Ésos lo serán menos, dijo Quirón: verlo has presto.
Necios
ensalzados. Asomaban ya por un cabo de la plaza ciertos personajes, que caminaban tan graves con las cabezas hacia abajo por el suelo, poniéndose del lodo y los pies para arriba, muy empinados, echando piernas al aire, sin acertar á dar un paso, antes á cada uno caían. Y aunque se maltrataron harto, porfiaban en querer ir de aquel modo, tan ridículo como peligroso. Comenzó Andrenio á admirar y Critilo á reir.
Sabios
abatidos. Haced cuenta, dijo Quirón, que soñáis despiertos. ¡Oh, qué bien pintaba el Bosco! Ahora entiendo su capricho. Cosas veréis increíbles. Advertid que los que habían de ser cabezas por su prudencia y saber, ésos andan por el suelo, despreciados, olvidados y abatidos; al contrario, los que habían de ser pies por no saber las cosas ni entender las materias, gente incapaz, sin ciencia ni experiencia, ésos mandan. Y así va el mundo cual digan dueñas; ¡mejor fuera dueños! No hallaréis cosa con cosa. Y á un mundo, que no tiene pies ni cabeza, de merced se le da el de descabezado.
No bien pasaron éstos, que todos pasan, cuando venían otros y eran los más y que se preciaban de muy personas. Caminaban hacia atrás y á este modo todas sus acciones las hacían al revés.