Calzósele al revés. Llámese inmundo y de todas maneras disparatado.

Algún día, replicó Quirón, bien le convenía su nombre. En verdad que era definición, cuando Dios quería y lo dejó tan concertado.

¿Pues de dónde le viene tal desorden?, preguntó Andrenio. ¿Quién le trastornó de alto abajo, como hoy lo vemos?

En eso hay mucho que decir, respondió Quirón. Harto lo censuran los sabios y lo lloran los filósofos. Aseguran unos que la Fortuna, como está ciega y aun loca, lo resuelve todo cada día, no dejando cosa en su lugar ni tiempo. Otros dicen que, cuando cayó el lucero de la mañana, aquel aciago día, dió tal golpe en el mundo, que le sacó de sus quicios, trastornándole de alto abajo. Ni falta quien eche la culpa á la mujer, llamándola el duende universal, que todo lo revuelve. Mundo
trabucado.
Mas yo digo que donde hay hombres no hay que buscar otro achaque: uno solo basta á desconcertar mil mundos y el no poderlo era lo que lloraba el otro grande inquietador.

Más digo: que, si no previniera la divina Sabiduría que no pudieran llegar los hombres al primer móvil, ya estuviera todo barajado y anduviera el mismo cielo al revés: un día saliera el sol por el poniente y caminara al oriente y entonces fuera España cabeza del mundo, sin contradicción alguna, que no hubiera quien viviera con ella.

Y es cosa de notar que, siendo el hombre persona de razón, lo primero que ejecuta es hacerla á ella esclava del apetito bestial. De este principio se originan todas las demás monstruosidades. Todo va al revés, en consecuencia de aquel desorden capital. La virtud es perseguida, el vicio aplaudido, la verdad muda, la mentira trilingüe, los sabios no tienen libros y los ignorantes librerías enteras. Los libros están sin doctor y el doctor sin libros. La discreción del pobre es necedad y la necedad del poderoso es celebrada. Los que habían de dar vida matan. Los mozos se marchitan y los viejos reverdecen. El derecho es tuerto y ha llegado el hombre á tal punto de desatino, que no sabe cuál es su mano derecha, pues pone el bien á la izquierda. Lo que más le importa echa á las espaldas, lleva la virtud en tres pies y, en lugar de ir adelante, vuelve atrás.

Pues si esto es así, como lo vemos, dijo Andrenio, ¿para qué me has traído al mundo, oh Critilo? ¿No me estaba yo bien á mis solas? Yo resuelvo volverme á la cueva de mi nada. ¡Alto!, huyamos de tan insufrible confusión, sentina, que no mundo.

Esto es lo que ya no se puede, respondió Critilo. ¡Oh cuántos volvieran atrás, si pudieran! No quedaran personas en el mundo. Advierte que vamos subiendo por la escalera de la vida y las gradas de los días, que dejamos atrás, al mismo punto, que movemos el pie, desaparecen. No hay por donde volver á bajar ni otro remedio, que pasar adelante.

¿Pues cómo hemos de poder vivir en un mundo como éste, porfiaba, afligiéndose Andrenio, y más para mi condición, si no me mudo? Que no puedo sufrir cosas malhechas. Yo habré de reventar sin duda.

¡Eh!, que te harás á ello en cuatro días, dijo Quirón, y serás tal como los otros.