Esta bizarría del embestir, sabida cosa es que toca á mi hija primogénita la Mentira. ¿Quién dudó jamás de eso? Ella es la autora de toda maldad, fuente de todo vicio, madre del pecado, arpía que todo lo inficiona, Fitón que todo lo anda, hidra de muchas cabezas, Proteo de muchas formas, Centimano que á todas manos pelea, Caco que á todos desmiente, progenitora al fin del engaño, aquel poderoso rey, que abarca todo el mundo entre engañadores y engañados, unos de ignorancia y otros de malicia.

La Mentira, pues, con el Engaño embistan la incauta candidez del hombre, cuando mozo y cuando niño, valiéndose de sus invenciones, ardides, estratagemas, asechanzas, trazas, ficciones, embustes, enredos, embelecos, dolos, marañas, ilusiones, trampas, fraudes, falacias y todo género de italiano proceder: que de este modo, entrando los demás vicios por su orden, sin duda que tarde ó temprano, á la mocedad ó la vejez, se conseguirá la deseada victoria.

Cuánta verdad sea ésta confírmelo lo que les sucedió á Critilo y Andrenio, á poco rato que se habían despedido del sagaz Quirón. El cual, habiéndolos sacado de aquel confuso Babel, registro de todo el mundo, é introducídolos en el camino más derecho, volvióse á encaminar otros y ellos pasaron adelante en el peregrino viaje de su vida.

Iba muy consolado Andrenio con el único remedio que le dió para poder vivir y fué que mirase siempre al mundo, no como ni por donde le suelen mirar todos; Conde
de Oñate.
sino por donde el buen entendedor conde de Oñate, esto es al contrario de los demás, por la otra parte de lo que parece. Y con eso, como él anda al revés, el que le mira por aquí, le ve al derecho, entendiendo todas las cosas al contrario de lo que muestran.

Cuando vieres un presumido de sabio, cree que es un necio. Ten al rico por pobre de los verdaderos bienes. El que á todos manda es esclavo común. El grande de cuerpo no es muy hombre; el grueso, tiene poca sustancia. El que hace el sordo oye más de lo que querría. El que mira lindamente es ciego ó cegará. El que huele mucho huele mal á todos. El hablador no dice cosa. El que ríe regaña. El que murmura se condena. El que come más come menos. El que se burla tal vez se confiesa. El que dice mal de la mercadería la quiere. El que hace el simple sabe más. Al que nada le falta él se falta á sí mismo. El avaro, tanto le sirve lo que tiene, como lo que no tiene. El que gasta más razones tiene menos. El más sabio suele ser menos entendido. Darse buena vida es acabar. El que la ama la aborrece. El que te unta los cascos, ése te los quiebra; el que te hace fiestas, te ayuda. La necedad la hallarás de ordinario en los buenos pareceres. Saber discurrir. El muy derecho es tuerto. El mucho bien hace mal. El que excusa pasos da más. Por no perder un bocado se pierden ciento. El que gasta poco gasta doblado. El que te hace llorar te quiere bien. Y al fin, lo que uno afecta y quiere parecer, éso es menos.

De esta suerte iban discurriendo, cuando interrumpió su filosofar otro monstruo, aunque no lo extrañaron, porque en este mundo no se topa sino una monstruosidad tras otra. Venía hacia ellos una carroza, cosa bien rara en camino tan dificultoso, aunque tan derecho; pero ella era tan artificiosa y de tan enteras vueltas, que atropellaba toda dificultad. Las pías, que la tiraban, más remendadas que pías, eran dos serpientes y el cochero una vulpeja.

Preguntó Critilo si era carroza de Venecia; pero disimuló el cochero, haciendo del desentendido. Venía dentro un monstruo, digo, muchos en uno, porque ya era blanco, ya negro, ya mozo, ya viejo, ya pequeño, ya grande, ya hombre, ya mujer, ya persona, ya fiera, tanto, que dijo Critilo si sería éste el celebrado Proteo.

Luego que llegó á ellos, se apeó con más cortesías que un francés novicio, primera especie de engaño. Y con más cumplimientos que una despedida aragonesa, les dió la bienvenida, ofreciéndoles, de parte de su gran dueño su palacio, donde descansasen algunos días del trabajo de tan enfadoso camino.

Agradecidos ambos á tan anticipado favor, le preguntaron ¿quién era el tal señor, que sin conocerlo ni conocerlos, así los obligaba?

Es, dijo, un gran príncipe, que, si bien su señorío se extiende por toda la redondez de la tierra, aquí al principio del mundo, en esta primera entrada de la vida tiene su metrópoli. Es un gran rey y con toda propiedad monarca, pues tiene vasallos reyes, que son bien pocos los que no le rinden parias. Su reino es muy florido, donde, á más de que se premian las armas y se estiman las letras, Hacer parecer. quien quisiere entender de raíz la política, el modo, el artificio, curse esta corte: aquí le enseñarán el atajo para medrar y valer en el mundo, el arte de ganar voluntades y tener amigos y sobre todo el hacer parecer las cosas, que es el arte de las artes.