Muy diferente de la otra Circe, pues no convertía los hombres en bestias; sino al contrario, las fieras en hombres. No encantaba las personas; antes las desencantaba: de los brutos hacía hombres de razón.
Y había quien aseguraba haber visto entrar en su casa un estólido jumento y, dentro de cuatro días, salir hecho persona. De un topo hacer un lince era fácil para ella. Convertía los cuervos en cándidas palomas, que era ya más dificultoso, así como hacer parecer leones las mismas liebres y águilas los tagarotes. De un buho hacía un jilguero. Entregábanle un caballo y, cuando salía de sus manos, no le faltaba sino hablar. Y aun dicen que realmente enseñaba á hablar á las bestias; pero mucho mejor á callar, que no era poco recabarlo dellas.
Daba vida á las estatuas y alma á las pinturas. Hacía de todo género de figuras y figurillas, personas de sustancia. Hombres
muy hombres. Y lo que más admiraba: de los titibilicios, cascabeles y esquiroles hacía hombres de asiento y muy de propósito y á los chisgarabises infundía gravedad. De una personilla hacía un gigante y convertía las monterías en madureces. De un hombre de burlas formaba un Catón severo. Hacía medrar un enano en pocos días, que llegaba á ser un Tifeo.
Los mismos títeres convertía en hombres sustanciales y de fondo, que no hiciera más la misma prudencia. Los ciegos del todo transformaba en Argos y hacía que los interesados no fuesen los postreros en saber las cosas. Los dominguillos de borra, los hombrecillos de paja convertía en hombres de veras. Á las víboras ponzoñosas, no sólo las quitaba todo el veneno; pero hacía triaca muy saludable dellas.
En las personas ejercitaba su saber y su poder con más admiración, cuanto era mayor la dificultad. Porque á los más incapaces infundía saber, que casi no ha dejado bobos en el mundo y, sí algunos maliciosos. Daba no sólo memoria á los entronizados; pero entendimiento á los infelices. Duque de
Alburquerque. De un loco declarado hacía un Séneca y de un hijo de vecino, un gran ministro; de un alfeñique, un capitán general, tan valiente como un duque de Alburquerque; y de un osado mozo, un virrey excelentísimo del mismo Nápoles; de un pigmeo un gigantón de las Indias. De unos horribles monstruos hacía ángeles, cosa que estimaban mucho las mujeres.
Viéronla á veces de repente hacer de un páramo un pensil y que prendían los árboles, donde no prendieran las varas mismas. Dondequiera que ponía el pie formaba luego una corte y una ciudad tan culta, como la misma Florencia. Ni le era imposible erigir una triunfante Roma. Desta suerte y á esta traza contaban della, que no acababan, cosas tan maravillosas como plausibles.
Llegó esta noticia al no sordo Critilo, cuando más desahuciado estaba. Informóse muy por menudo de quién era Artemia, dónde y cómo reinaba y concibió al punto que en hablarla consistía su remedio. No pudo recabar de Andrenio, ni con ruegos ni razones, que le siguiese. Y así él, después de haber velado sobre el caso, trazó huirse y no tuvo tanta dificultad, como imaginaba. Que en este orden de cosas el que quiere, puede. Rompió con todo, que es el único medio y saltó por el portillo de dar en la cuenta: aquél que todos cuantos abren los ojos le hallan.
Salió al fin tan dichoso, como contento. Y ya libre, metióse en camino para la corte de la deseada Artemia, á consultarla el rescate de su amigo, que llevaba más atravesado en su corazón, cuanto más dél se apartaba. Encontró por el camino muchos, que también iban allá: unos por curiosidad y otros por su provecho, que eran más cuerdos.
Contaban todos cosas y casos portentosos. Que amansaba los leones y que con dos palabras, que les decía, los tornaba humanos y sufridos. Que desencantaba las serpientes y las hacía andar derechas. Tomaba de ojo á los basiliscos, quitándoles las niñas porque no matasen, ni miradas ni mirando: que todas eran cosas bien útiles y raras.
Matronas
castas. Todo eso es nada, dijo uno, con el prevalecer contra las mismas sirenas y transformarlas en matronas. Aquel convertir en tórtolas las lobas. Y lo más que se puede imaginar, que de una Venus bestial hizo una virgen vestal.