Eso es pedirme lo que deseo.

Señalaron hora y acudieron puntuales, el uno como deseoso y el otro verdadero. Y, cuando Andrenio creyó le llevaría á palacio y le introduciría por el favor ó por el secreto, vió que le sacaba fuera, apartándole más. Quiso volverse, pareciéndole mayor embuste éste que todos los pasados. Detúvole el prudente, diciendo:

Advierte que lo que no se puede ver cara á cara, se procura por indirecta. Subamos á aquella eminencia, que levantados de tierra, yo sé que descubriremos mucho.

Subieron á lo alto, que caía enfrente de las mismas ventanas de Falimundo.

Estando aquí, dijo Andrenio, paréceme que veo mucho más que antes.

De que se holgó harto el compañero, porque en el ver y conocer consistía su total remedio. Hacíase ojos Andrenio, mirando hacia palacio, por ver si podía brujulear alguna realidad; mas en vano, que estaban las ventanas unas con celosías muy espesas y otras con vidrieras.

No ha de ser dese modo, dijo el viejo; sino al contrario, volviendo las espaldas, que las cosas del mundo todas se han de mirar al revés para verlas al derecho.

Sacó en esto el espejo del seno y, desenvolviéndole de un cendal, púsole delante, encarándole muy bien á las ventanas contrarias de palacio:

Mira ahora, le dijo. Contempla bien y procura satisfacer tu deseo.

¡Cosa rara é inaudita! Comenzó á espantarse y á temer tanto Andrenio, que casi desmayaba.