CRISI X

El mal paso del salteo.

Vulgar desorden es entre los hombres hacer fines de los medios y de los medios hacer fines. Lo que ha de ser de paso toman de asiento y del camino hacen descanso. Comienzan por donde han de acabar y acaban por el principio. Introdujo la sabia y próvida naturaleza el deleite, para que fuese medio de las operaciones de la vida, alivio instrumental de sus más enfadosas funciones, que fué un grande arbitrio para facilitar lo más penoso del vivir.

Pero aquí es donde el hombre más se desbarata, pues más bruto que las bestias, degenerando de sí mismo, hace fin del deleite y de la vida hace medio para el gusto. No come ya para vivir, sino que vive para comer; no descansa para trabajar, sino que no trabaja para dormir; no pretende la propagación de su especie, sino la de su lujuria; no estudia para saberse, sino para desconocerse; ni habla por necesidad, sino por el gusto de la murmuración. De suerte, que no gusta de vivir, sino que vive de gustar. De aquí es que todos los vicios han hecho su caudillo al deleite: él es el muñidor de los apetitos, precursor de los antojos, adalid de las pasiones y el que trae arrastrados los hombres, tirándole á cada uno su deleite. Atienda, pues, el varón sabio á enmendar tan general desconcierto. Y para que estudie en el ajeno engaño, oiga lo que le sucedió al sagaz Critilo y al incauto Andrenio.

Castigos
de necios.
¿Hasta cuándo, oh canalla inculta, habéis de abusar de mis atenciones?, dijo enojada Artemia, más constante, cuando más arriesgada. ¿Hasta cuándo ha de burlarse de mi saber vuestra barbaridad? ¿Hasta dónde ha de llegar en despeñarse vuestra ignorante audacia? Júroos que, pues me llamáis encantadora y maga, que esta misma tarde, en castigo de vuestra necedad, he de hacer un conjuro tan poderoso, que el mismo sol me vengue, retirando sus lucientes rayos: que no hay mayor castigo que dejaros á oscuras en la ceguera de vuestra vulgaridad.

Tratólos como ellos merecían y conocióse bien. Que con la gente vil obra más el rigor, que la bizarría, pues quedaron tan aterrados, cuan persuadidos de su mágica potencia y, ya helados, no trataron de pegar fuego al palacio, como lo intentaban. Acabaron de perderse de ánimo, cuando vieron que realmente el mismo sol comenzó á negar su luz, eclipsándose por puntos y temiendo no se conjurase también contra ellos la tierra en terremotos. Que á veces todos los elementos suelen mancomunarse contra el perseguido. Dieron todos á huir desalentados, achaque ordinario de motines que, si con furor se levantan, con pánico terror se desvanecen. Corrían á oscuras, tropezando unos con otros, como desdichados.

Tuvo con esto tiempo de salir la sabia Artemia con toda su culta familia y, lo que más ella estimó, fué poder escapar de aquel bárbaro incendio los tesoros de la observancia curiosa, que ella tanto estima y guarda en libros, papeles, dibujos, tablas, modelos y en instrumentos varios. Fuéronla cotejando y asistiendo nuestros dos viandantes Critilo y Andrenio. Iba éste espantado de un portento semejante, teniendo por averiguado que se extendía su mágico poder hasta las estrellas y que el mismo sol la obedecía. Mirábala con más veneración y dobló el aplauso. Pero desengañóle Critilo, diciendo cómo el eclipse del sol había sido efecto natural de las celestes vueltas, contingente en aquella sazón, previsto de Artemia, por las noticias astronómicas y que se valió dél en la ocasión, haciendo artificio lo que era natural efecto.

Discurrióse mucho dónde irían á parar, consultando Artemia con sus sabios, resuelta á no entrar más en villa alguna y así lo cumple hasta hoy. Propusiéronse varios puestos.

Lisboa. Inclinábase mucho ella á la dos veces buena Lisboa, no tanto por ser la mayor población de España, uno de los tres emporios de la Europa, que si á otras ciudades se les reparten los renombres, ella los tiene juntos, hidalga, rica, sana y abundante, cuanto porque jamás se halló portugués necio, en prueba de que fué su fundador el sagaz Ulises. Mas retardóla mucho, no su fantástica nacionalidad, sino su confusión, tan contraria á sus quietas especulaciones.