Halláronse presto á las puertas de uno, que ni bien era palacio ni bien cueva. Y los que mejor lo entendían dijeron era venta, porque nada se da de balde y todo es de paso.

Estaba fabricada de unas piedras tan atractivas, que traían así las manos y los pies, los ojos, las lenguas y los corazones, como si fueran de hierro. Con lo cual se conoció eran imanes del gusto, trabadas con una unión tan fuerte, que les venía de perlas. Era sin duda la agradable posada, tan centro del gusto, cuan páramo del provecho y un agregado de cuantas delicias se pueden imaginar. Dejaba muy atrás la casa de oro de Nerón, con que quiso dorar los yerros de sus aceros. Oscurecía tanto el palacio de Heliogábalo, que lo dejó á malas noches y el mismo alcázar de Sardanápalo parecía una zahurda de sus inmundicias. Había á la puerta un gran letrero, que decía:

El bien deleitable, útil y honesto.

Reparó Critilo y dijo:

Este letrero está al revés.

¿Cómo al revés?, replicó Andrenio; yo al derecho le leo.

Sí, que había de decir al contrario: el bien honesto, útil y deleitable.

No me pongo en eso; lo que sé decir es que ella es la casa más deliciosa que hasta hoy he visto. ¡Qué buen gusto tuvo el que la hizo!

Tenía en la fachada siete columnas que, aunque parecía desproporción, no era sino emulación de la que erigió la sabiduría. Estancias
de los vicios.
Éstas daban entrada á otras siete estancias y habitaciones de otros tantos príncipes, de quienes era agente la bella salteadora. Y así todos cuantos cautivaba con sumo gusto los iba remitiendo allá, á elección de los mismos prisioneros.

Entraban muchos por el cuarto del oro y llamábase así, porque estaba todo enladrillado de tejos de oro y barras de plata, las paredes de piedras preciosas. Costaba mucho de subir y al cabo era gusto con piedras. El más eminente y superior á todos era el más arriesgado; y no obstante eso, la gente más grave quería subir á él. El más bajo era el más gustoso, tanto que tenía las paredes comidas, que decían eran de azúcar sus piedras, la argamasa mezclada con exquisitos vinos y el yeso tan cocido, que era un bizcocho.