Sí, ¿y tú quién eres?

¿No te acuerdas que estuvimos juntos en casa de la sabia Artemia?

Ya doy en la cuenta. ¿Tú eres aquel de Omnia mea mecum porto?

El mismo y aun eso me ha librado deste encanto.

¿Cómo pudiste escapar una vez dentro?

Fácilmente, respondió. Y con la misma facilidad te desataré á ti, si quieres. ¿Ves todos aquellos ciegos nudos, que echa la voluntad con un sí? Pues todos los vuelve á deshacer con un no. Todo está en que ella quiera.

Quiso Critilo y así se vió luego libre de libros.

Mas díme, oh Critilo, ¿y tú cómo no entraste en este común cautiverio?

Porque siguiendo otro consejo de la misma Artemia, no puse el pie en el principio, hasta tocar con las manos el fin.

¡Oh dichoso hombre! Pero mal dije hombre, que no eres sino entendido.