¿Vístela tú?
Y aun he experimentado, respondió, por desgraciada dicha su fiereza.
Éste es un monstruo tan ruin como desapiadado, que sólo se sustenta de hombres muy personas. Cada día le han de echar para su pasto el mejor hombre, que se conoce, un héroe; y por el mismo caso que es conocido y nombrado, el sujeto más eminente, ya en armas, ya en letras, ya en gobierno; y si mujer, la más linda, la más bella, y luego la despedaza rosa á rosa, estrella á estrella, y se la traga; que de las feas y fieras como él no hace caso. Todos los famosos hombres peligran. En habiendo un sabio, un entendido, al punto le huele de mil leguas y hace tales estragos, que sus mismos conocidos se le traen y tal vez sus propios hermanos. Que el primer hombre, que despedazó, un hermano suyo le condujo. Es cosa lastimosa ver un gran soldado, cuanto más valiente y hazañoso, cómo perece, hecho víctima de su vilísima rabia.
¿Pues qué, á los valientes se atreve?
¿Cómo, si se atreve? Al mismo Torrecuso, al animoso Cantelmo, al mismo duque de Feria y otros tan excelentes. ¿Fiero monstruo de deshacer todo lo bueno? Pues ved cómo lo malea con dientes, con la lengua, hasta con el gestillo, con el modillo y de todas maneras.
¡Qué buen gusto debe tener!, dijo Critilo.
Antes no, pues todo lo bueno le sabe mal y no lo puede tragar, aunque muerde lo mejor. Y si tal vez se lo traga, porque lo cree, no lo puede digerir, porque no se le cuece. Tiene malísimo gusto y peor olfato, oliendo de cien leguas una eminencia y rabia por deshacerla. Y así yo doy voces:
Afuera, lindas; á huir, sabios; guardaos, valientes; alerta, príncipe: que viene, que llega rabiando la apocada bestia: ¡guarda, guarda!
He, aguarda, dijo el ya Enano gigante.
Por lo menos no puedes negar que es grande quien así se ceba en todas las cosas grandes. Antes es muy poca cosa y, aunque no hinca el diente venenoso, sino en lo que sobresale, es de todas maneras ruin y revienta cada día. No hay cosa más pestilente que su aliento, como salido de tan fatal boca, mala lengua y peores entrañas. Yo la he visto eclipsar el sol y deslucir las mismas estrellas. Los cristales empaña y la plata más brillante desdora. De suerte que, en viendo alguna cosa excelente y rara, la toma de ojo y de tema.