¡Ay locura de todo el mundo!, filosofaba Critilo. ¡Y con cuánta razón se llamó jaula de todos!
Iban discurriendo y toparon los ingleses metidos en una muy alegre jaula.
¡Qué alegremente se condenan éstos!, dijo Andrenio.
Y respondiéronle estaban allí por vanos: es achaque de la belleza. Vieron los españoles en otra por maliciosos, los italianos por invencioneros, los alemanes por furiosos, los franceses por cien cosas y los polacos á la otra banda. Había sabandijas de todo elemento: locos del aire los soberbios, del fuego los coléricos, de la tierra los avaros y del agua los Narcisos. Y éste era simplicísimo elemento. En el quinto los lisonjeros, diciendo que sin él no se puede vivir en la corte ni en el mundo.
Topaban estremadas locuras, bravos caprichos. Había dado uno en no hacer bien á nadie y podía. Preguntóle Andrenio la causa y respondióle:
Señor mío, por no morirme luego.
Antes no, le replicaron, que, haciendo bien á todos, todos os desearán la vida.
Engañáisos, respondió él, que ya el hacer bien sale mal. Y si no, prestá vuestro dinero y veréis lo que pasa. Los más ingratos son los más beneficiados.
He, que ésos son cuatro ruines y por ellos no han de perder tantos buenos, que lo reconocen y agradecen.
¿Quién son éstos, dijo él, y harémosles un elogio?