Al fin, señor, no os canséis, que yo no me quiero morir tan presto, que ya sabéis que quien bien te hará ó se te irá ó se te morirá.
Á par déste estaba otro gran agorero y era hombre de porte. En encontrando un bizco, se volvía á casa y no salía en quince días; que si tuerto, en todo un año. No había remedio que comiese, melancólico perdido:
¿Qué tenéis?, le preguntó un amigo. ¿Qué os ha sucedido?
Y él:
Un grande azar.
¿Qué?
Que se volcó el salero en la mesa.
Riólo mucho el otro y díjole:
Dios os libre, no se vuelque la olla, que para mí no hay otro peor agüero que salir ella güera.
Hízoles gran novedad ver una jaula llena de hombres tenidos por sabios y muy ingeniosos y decía Critilo: