Por lo menos, replicó Critilo, no le pongáis en el común, sino aparte: haya una jaula retirada para los tales.
Riéronlo mucho ellos y dijeron:
Señor mío, á quien perdió el mundo entero todo él sea su jaula.
Al contrario, otro suplicaba con grande instancia le honrasen con una jaula de loco; mas los del gobierno no quisieron. Antes le llevaron á las de los simples, que estaban de la otra banda, y fué porque pretendía mandar, que á todos los pretendientes de mando los metían á un lado del limbo.
Había locos de memoria, que era cosa nueva y nunca vista; que de voluntad y entendimiento ya es ordinario. Y éstos eran los prósperos, los hartos, no acordándose de los hambrientos, los presentes de los ausentes, los de hoy de los de ayer, los que dos veces tropezaron en un mismo paso, los que se engolfaron segunda vez y los que se casaron dos, los engañados entre los bobos. Y el que dos veces, jaula doble. Y señalaron pienso á los de penseque.
Estaban altercando dos cuál había sido el mayor loco del mundo, que el primero ya se sabe. Nombraron muchos y bien solemnes, antiguos y modernos, en Francia á pares y en España á nones. Concluyeron la disputa, concluyendo el poema del galán Medoro.
Preguntó Andrenio por qué ponían los alegres junto á los tristes, los consolados á par de los podridos, los satisfechos de los confiados. Respondió uno que para igualar el peso y el pesar. Pero otro mejor, para que los unos curen con los otros.
¿Pues qué, sanan algunos?
Sí, alguno y aun ése por fuerza, como se vió en aquel, que, habiéndole sanado un gran médico, no le quería después pagar. Citóle ante el juez, que admirado de tal ingratitud, dudó si había vuelto á estar loco. Respondía que ni con él se había hecho el concierto ni le había hecho buena obra; sino muy mala en haberle vuelto á su juicio, diciendo que no había tenido mejor vida, que cuando estaba loco, pues no sentía los agravios ni advertía los desprecios, de nada se pudría. Un día se imaginaba rey, otro papa, ya rico, ya valiente y vitorioso, ya en el mundo, ya en el paraíso y siempre en gloria; pero ahora sano de lodo se consumía, de todo se pudría, viendo cuál anda todo.
Intimóle que pagase ó volviese á ser loco y él escogió esto último.