Llamóles uno con grande instancia, que estaba en la jaula de los descontentos. Comenzóles á hablar con grande consecuencia, quejándose de que le tenían allí sin causa. Daba tan buenas razones que les hizo dudar si la tendría. Porque decía:
Señores míos, ¿quién puede vivir contento con su suerte? Si es pobre, padece mil miserias; si rico, cuidados; si casado, enfados; si soltero, soledad; si sabio, impaciencias; si ignorante, engaños; si honrado, penas; si vil, injurias; si mozo, pasiones; si viejo, achaques; si solo, desamparos; si emparentado, pesares; si superior, murmuraciones; si vasallo, cargas; si retirado, melancolías; si tratable, menosprecios. ¿Pues qué ha de hacer un hombre y más si es persona? ¿Quién puede vivir contento, sino algún tonto? ¿No os parece que tengo razón? Así tuviese yo ventura, que entendimiento no me falta.
Aquí se la conocieron y grande. Mal de muchos, vivir tan satisfechos de su entendimiento, cuan descontentos de su poca dicha.
¡Oh cuántos, dijo Critilo, echan la culpa de la sobra de su locura á la falta de su ventura!
Muy confiado uno llegó á entretenerse y ver las gavias; mas al punto agarraron dél para revestirle la librea. Defendíase, preguntando que por qué. Pues él ni era músico ni enamorado ni desvanecido ni salía fianza por el mismo Creso ni había confiado en hombres ni fiado de mujeres, mucho menos de franceses, ni se había casado por los ojos á lo antiguo ni por los dedos á lo moderno contando el dinero ni había llevado plumaje ni ramo ni se mataba de lo que otros vivían ni suspiraba de lo que otros daban carcajadas ni por decir un dicho había perdido un amigo ni era de alguna de las cuatro naciones y así que á ningún traste pertenecía. Nada le valió.
Enjáulenle, gritaba el regidor mayor.
Y él:
¿Por qué?
Porque él solo se tiene por cuerdo. Y aunque no sea loco, puede ser tenido por tal, como acontece cada día. Y entiendan todos que, por cuerdos que sean, si dan los otros en decirles ¡al loco, al loco!, ó le han de sacar de tino ú de crédito.
Ponderaba Andrenio que casi todos eran hombres; no había niños ni muchachos.