Es que aún no se han enamorado, le respondió uno.
Mas otro:
¿Cómo han de perder lo que aún no tienen?
Defendía un físico que por ser húmedos de celebro; pero mejor un filósofo, que por vivir sin penas.
Trajeron los esbirros un tudesco y él decía que por yerro de cuenta. Que su mal no procedía de sequedad de celebro; sino de sobrada humedad. Y aseguraba que nunca más en su juicio, que cuando estaba borracho.
Dijéronle que en qué se fundaba. Y él con toda puridad decía que, cuando estaba de aquel modo, todo cuanto miraba le parecía andar al revés, todo al trocado, lo de arriba abajo, y como en realidad de verdad así va el mundo y todas sus cosas al revés, nunca más acertado iba él ni mejor le conocía que, cuando le miraba al revés, pues entonces le veía al derecho y como se había de mirar. Con todo cayó de su casa y le dijeron que, aunque le veía al revés, no era por andar él derecho. Y así le metieron entre los alegres.
Dondequiera que se volvían, topaban ó locos ó mentecatos: todo el mundo lleno de vacío.
Yo creí, dijo Andrenio, que todos los locos cabían en un rincón del mundo y que estaban recogidos allá en su Nuncio; y ahora veo que ocupan toda la redondez de la tierra.
Podíamos responder á eso, dijo uno, lo que el otro en cierta ciudad bien noble y bien florida, que, habiéndola paseado con un estranjero y habiéndole mostrado todas las cosas más célebres y más de ver, que eran tan muchas como grandes, soberbios edificios, plazas abundantes, jardines amenísimos y magníficos templos, reparó el huésped que no le había llevado á una casa de que él gustaba mucho.
¿Cuál es? Que al punto os llevaré allá.