Eso tiene el vivir aprisa, les respondieron, que las tempranas mocedades ocasionan anticipadas vejeces. No hubiérades sido tan mozos y no estuviérades tan viejos.

¡Qué pocas canas llegan de la corte!, reparó Andrenio.

Y respondióle Marcial en dos palabras y un verso:

Miradlos de noche y hallaréislos cisnes, los que todo el día cuervos.

Llegó uno cojeando y juraba que no era ni una gota de mal humor, sino haber tropezado. Y díjole otro riendo:

Guardaos mucho de tales tropiezos, porque cada vez que los dais, si no caéis, avanzáis mucho á la sepultura.

No fué malvisto ni maltratado otro, que realmente tenía años y no canas, averiguado el secreto que era sabérselas quitar con las ocasiones que quitaba. Concediósele gozase de los privilegios de viejo y de las esenciones de mozo, diciendo Vejecia:

Viva quien sabe vivir.

Al contrario, llegó otro con pocos años y muchas canas y, bien miradas, hallaron que eran verdes ó amarillas.

No le han salido ellas, dijo uno, sino que se las han sacado. Vos, sin duda, venís de alguna comunidad, no digo comodidad, donde hijos de muchas madres bastan á sacar canas á un embrión.