Llamaron á una de abuela y ella enfurecida dijo:
Nieta y muy nieta.
Y Marcial, que acertó á estar allí ó su malicia dijo:
Si ella no tiene más años que cabellos, yo juraré que no llegan á cuatro.
Porfiaba otra era suyo el oro de la madeja y la nieve de sus dientes y ninguno lo creía. Volvió por ella el mismo poeta, como tan cortesano, diciendo:
Sí, sí, suyos son, pues le cuestan su dinero.
Correspondían lastimeros gritos á los insufribles tormentos. Los glotones y bebedores no podían agora pasar una gota y hacíanles beber la toca y aun morder la sábana; aunque se notó que raros de los regalones llegaron tan adelante. Era tan general el sentimiento, que los más tenían hechos lágrima del continuo llanto y del maltratamiento de Vejecia andaban contrechos y agobiados, cojos y desdentados y semiciegos, tratándolos como á villanos, cargándolos de nuevos pechos sobre los viejos.
Encontraron ya los crudos criados con el no bien maduro Andrenio. Agarraron dél. Pero, antes de decir lo que con ellos le pasó ó le hicieron pasar, demos una vista á Critilo, que, habiendo entrado por la puerta de los honores, había llegado á la mayor estimación. Introdujéronle la Cordura y la Autoridad en un teatro muy capaz y muy señor, pues lleno de seniores y de varones muy capaces. Presidía en majestuoso trono una venerable matrona con todas las circunstancias de grande. No mostraba semblante fiero, sino muy sereno; no desapacible, sino autorizado, coronada del metal cano, por reina de las edades. Y como tal, estaba haciendo grandes mercedes á sus cortesanos y concediéndoles singulares privilegios. Estaba en aquella sazón honrando á un grande personaje, tan cargado de espaldas como de prudencia, haciéndole todos acatamiento. Y preguntó Critilo á su Jano colateral, que nunca le desamparó, quién era aquel varón de estimaciones.
Éste es, le respondió, un Atlante político.
¿De qué piensas tú que está así tan agobiado?