De sostener un mundo entero.

¿Cómo puede ser, le replicó, si no se puede tener él á sí mismo?

Pues advierte que éstos, cuanto más viejos, son más firmes y, cuantos más años, más fuerzas sustentan; más y mejor que los mozos, que luego dan con el cargo y con su carga en tierra.

Vieron otro, que llegaba y, arrimando su báculo á una montaña de dificultades, la alzaprimaba, no habiendo podido muchos y muy robustos mancebos ni aun moverla.

Nota, le dijo Jano, lo que puede la maña de un sagaz viejo. ¿No reparas en aquel otro, que, estando para caer aquella gran máquina de coronas, llega él y arrima su carcomido báculo y con segura firmeza las sustenta? Las manos le tiemblan al que allí miras y están temblando dél los ejércitos armados. Que eso le dijo el trompeta francés á don Felipe de Silva:

No teme mi señor, el mariscal de la Mota, esos vuestros pies gotosos; sino esa vuestra testa desembarazada.

¡Qué gafos tiene los dedos aquel que llaman el rey viejo!

Pues te aseguro que están colgados dellos dos mundos.

¡Qué palos sacude aquel coronado ciego aragonés!

¿Y cómo que hace pedazos tanta espada y tanta lanza rebelde?