Trató ya de conducir el sagaz Jano á su maduro Critilo ante la venerable Vejecia. Llegó él muy de su grado y así le recibió ella con mucho agrado. Mas fué mucho de ver que al mismo punto, que se postró á sus pies, corrieron de improviso ambas cortinas, que estaban á los dos lados del majestuoso trono, con que á un mismo tiempo se vieron y se conocieron, de la otra parte Andrenio entre horrores y desta otra Critilo entre honores, asistiendo entrambos ante la duplicada presencia de Vejecia, que, como tenía dos caras januales, podía muy bien presidir á entrambos puestos, premiando en uno y apremiando en otro.
Ordenó luego se leyesen en voz alta y clara los nuevos privilegios, que en atenciones de méritos de sus concertadas vidas se les concedían á éstos; y al contrario los agravados pechos, que se les imponían á aquéllos: á unos cargos, á otros cargas, muy dignos de ser sabidos y escuchados. Quien los quisiere lograr, estienda el gusto á la Crisi siguiente.
CRISI II
El estanco de los vicios.
Llamó acertadamente el filósofo divino al compuesto humano, sonoro animado instrumento, que, cuando está bien templado, hace maravillosa armonía; mas, cuando no, todo es confusión y disonancia. Compónese de muchos y muy diferentes trastes, que con dificultad grande se ajustan y con grande facilidad se desconciertan.
La lengua dijeron algunos ser la más dificultosa de templar; otros que la codiciosa mano. Éste dice que los ojos, que nunca se sacian de ver la vanidad; aquél que las orejas, que jamás se ven hartas de oir lisonjas propias y murmuraciones ajenas. Tal dice que la loca fantasía y cual que el apetito insaciable. No falta quien diga que el profundo corazón ni quien sienta que las maleadas entrañas.
Mas yo con licencia de todos éstos diría que el vientre y esto en todas las edades. En la niñez por la golosina, en la mocedad por la lascivia, en la varonil edad por la voracidad y en la vejez por la vinolencia. Es el vientre el bajo y aun el vil desta humana consonancia; y esto no obstante, no hay otro Dios para algunos. Hizo siempre apóstatas los sabios. No dijo cuántos, porque los más y con menos razón hacen mayor guerra á la razón.
Es la embriaguez fuente de todos los males, reclamo de todo vicio, origen de toda monstruosidad, manantial de toda abominación, procediendo tan anómala, que, cuando todos los otros vicios caducan y se despiden en la vejez, ella entonces comienza y, sepultados ya, los aviva. Conque no hay un vicio sólo, sino todos de mancomún. Gran comadre de la herejía: dígalo el Septentrión, llamado así, no tanto por las siete estrellas que le ilustran, cuanto por los siete capitales vicios que le deslucen. Amiga de la discordia: vocéenlo ambas Alemanias, siempre turbulentas. Camarada de la crueldad: llórelo Inglaterra en sus degollados reyes y reinas. Paisana de la ferocidad: publíquelo Suecia, inquietando muy de atrás toda la Europa. Compañera inseparable de la lujuria: confiéselo todo el mundo. Y finalmente tercera de toda maldad, muñidora de todo vicio, escollo fatal de la vejez, donde zozobra el carcomido bajel humano, yéndose á pique cuando había de tomar puerto. El desempeño desta verdad será, después de haber referido las severas leyes, que mandó promulgar Vejecia por todo el ancianismo, que para unos fueron favores, si rigores para otros. Subido en lugar eminente el secretario, intimó desta suerte:
Á nuestros muy amados seniores y hombres buenos, á los beneméritos de la vida y despreciadores de la muerte ordenamos, mandamos y encargamos: