Podrán entrarse libremente por las casas ajenas, acercarse al fuego, pedir de beber, alargar la mano al plato: que á canas honradas nunca ha de haber puertas cerradas.

Permíteseles el encolerizarse tal vez con moderación, no dañando á la salud: por cuanto el nunca enojarse es de bestias.

Item, que puedan hablar mucho, porque bien, aun entre los muchos, porque mejor que todos.

Súfreseles el repetir los dichos y los cuentos, que siete veces agradan y otras tantas enseñan, hiriendo de casera filosofía.

Cuiden de no ser muy liberales, atendiendo á que no les falte la hacienda y les sobre la vida.

Escusarse han del no hacer cortesías, no tanto por conservarse, cuanto porque no ven ya las personas como solían y que desconocen los hombres de agora.

Harán repetir dos y tres veces lo que les dicen, para que todos miren cómo y lo que hablan.

Háganse dificultosos de creer, como escarmentados de tanto engaño y mentira.

No darán cuenta á nadie de lo que hacen ni tendrán que pedir consejo, sino para aprobación.

No sufran que otro alguno mande más que ellos en su casa, que sería querer mandar los pies donde hay cabeza.