Tendrán licencia para no sufrir y quejarse con razón, viéndose malasistidos de criados perezosos, enemigos suyos dos veces, por amos y por viejos: que todos vuelven las espaldas al sol que se pone, y la cara hacia el que sale. Sobre todo viéndose odiados de ingratos yernos y de nueras viejas, haránse estimar y escuchar, diciendo:

Oid, mozos, á un viejo, que, cuando era mozo, los viejos le escuchaban.

Finalmente se les encarga que no sean chanceros; sino severos, estando siempre de veras atentos á su madurez y entereza.

Estas leyes en lo público y otras de mayor arte en lo secreto les fueron intimadas, que ellos aceptaron por obligaciones, aunque otros las calificaron privilegios.

Aquí, volviendo la hoja y teniendo el rostro hacia la contraria banda, esforzando la voz, leyó desta suerte:

Intimamos á los viejos por fuerza, á los podridos y no maduros, á los caducos y no ancianos, á los que en muchos años han vivido poco:

Primeramente, que entiendan y se lo persuadan que realmente están viejos, si no en la madurez, en la caduquez; si no en ciencia, en impertinencia; si no en prendas, en achaques.

Item más que, así como á los jóvenes se les prohibe el casar hasta cierta edad, así también á los viejos se les vede de tal edad en adelante y esto en pena de la vida, si con mujer moza; y, si hermosa, en costas de la hacienda y de la honra, que no puedan enamorarse y mucho menos darlo á entender ni asentar plaza de galanes, en pena de risa de todos; podrán, empero, pasear los cimenterios, donde envió á uno cierta gentil dama, como apalabrado con la muerte.

Item, se les prohibe el añadirse años, en llegando á perderles la vergüenza, echando á noventa y á ciento. Porque, demás de engañar á algunos simples, dan ocasión á que muchos ruines se confíen y sientan largo el enmendar su perversa vida.

No vistan de gala los que huelen á mortaja y entiendan que el traje, que para un joven sería decente, para ellos es gaitería. Ni por eso han de andar vestidos de figura con monterillas ó sombrerillos chiquitos y puntiagudos ni con lechuguillas y calzas afolladas, haciendo los matachines.