Sí, por lo soldado, que no por lo rey.
De otro más moderno y aun corriendo vino aseguraban que no se había embriagado sino sola una vez en su vida; pero que le duró por toda ella, en quien hicieron gran maridaje el vino y la herejía.
Aquí les mostraron el mismo tazón, que tomó en la mano el octavo de los ingleses Enriques, en el trance de su infeliz muerte, en vez del santo crucifijo, con que suelen morir los buenos católicos, y echándosele á pechos, dijo:
Todo lo perdimos junto, el reino, el cielo y la vida.
¿Y todos ésos fueron reyes?, preguntó Critilo.
Sí, todos. Que aunque en España nunca llegó la borrachera á ser merced, en Francia sí á ser señoría, en Flandes excelencia, en Alemania serenísima, en Suecia alteza; pero en Inglaterra, majestad.
Decíanle á uno que dejase el beber, si no quería despedirse del ver; mas él, incorregible, respondía:
Decidme: ¿Estos ojos no se los han de comer los gusanos?
Sí.
Pues más vale que me los beba yo.