He, que son de viejas.

No por eso peores. El es el común remedio contra el daño, que hacen todas las frutas. Y así dicen: “Tras las peras, vino bebas”. “El melón maduro, quiere el vino puro”. “Al higo vino y á la agua higa”. “El arroz, el pez y el tocino nacen en el agua y mueren en el vino”. La leche, ya se sabe lo que le dijo al vino: “Bien seáis venido, amigo”. “El vino tras la miel, sabe mal; pero hace bien.” Así que: “Donde no hay vino y sobra el agua la salud falta”. En todos tiempos es medicina, como lo dice el texto: “En el verano por el calor y en el invierno por el frío, es saludable el vino”. Y otro dice: “Pan de ayer y vino de antaño, traen al hombre sano”. No sólo remedia el cuerpo; pero es el mayor consuelo del ánimo, alivio de las penas. “Que lo que no va en vino, va en lágrimas y suspiros.” Es aforro de los pobres, que: “Al desnudo le es abrigo”. Bebida real, cuando: “El agua para los bueyes, y el vino para los reyes”. Leche de los viejos, pues: “Cuando el viejo no puede beber, la sepultura le pueden hacer”. Y en él consiste la media de la vida que: “Media vida es la candela y el vino la otra media”. De modo que es medicina de todos los males, porque: “Sangraos vecina...” y responde: “El buen vino es medicina”. Y con mucha razón, pues son siete los provechosos frutos de ella: “Purga el vientre, limpia el diente, mata la hambre, apaga la sed, cría buenos colores, alegra el corazón y concilia el sueño.”

Á todos éstos, dijo Critilo, responderé yo con éste sólo: “Quien es amigo del vino es enemigo de sí mismo”. Y advertid que otros tantos, como habéis referido en su favor, pudiera yo decir en contra; pero baste éste por ahora con este otro: “El vino con agua es salud de cuerpo y alma”.

¡Oh!, replicó el apasionado, ¿no veis, que el vino, si le echáis agua, le echáis á perder, especialmente si fuere blanco?

También, si no se la echáis, os echa él á perder á vos.

¿Pues qué remedio?

No beberle.

Otras muchas verdades dijo Critilo contra la embriaguez, de que los circunstantes hicieron cuento y él escarmiento. Reparó Critilo en que asistían pocos españoles al cortejo de la dionisia reina, habiendo sin duda para cada uno cien franceses y cuatrocientos tudescos.

¡Oh, dijo el hablador, no sabes tú lo que pasó en los principios desta bella invenchione del vino!

¿Y qué fué?