Citaban los eternos, magistrales textos y los terrenos, ninguno, y decían:

Más vale testa, que texto.

Guarde la boca, decían unos: coma y beba cuanto apeteciere.

Los otros:

Tome un vomitivo de deleites, que le será de mucho provecho.

No haga tal, que le inquietará las entrañas y le postrará el gusto; dénle minorativos de concupiscencia.

Ni lo piense; sino valientes tiradas de gustos, que le vayan refrescando la sangre.

Dieta, dieta, repetían aquéllos.

Regalo y más regalo, replicaban éstos, y asentábasele muy bien al enfermo.

Púrguese, le recetaron los celestiales, porque vamos á la raíz del mal y á derribar el humor vicioso, que predomina.