Eso no, salían los mundanos; tome, sí, cosas suaves con que se entretenga y alegre.
Oyendo tal variedad, decía el enfermo:
Aténgome al aforismo que dice: “Si de cuatro médicos, los tres dijesen que te purgues y uno que no, no te purgues”.
Replicábanle los del cielo:
También dice otro: “Si de cuatro médicos, los tres te dijeren que no te sangres y uno sólo que sí, sángrate”. Luego, te debes sangrar y de la vena del arca, restituyendo lo ajeno.
Eso no, salían los otros; que sería quitarle las fuerzas y aun de todo punto desjarretarle.
Y él, en confirmación, añadía:
¡Qué poco estiman ellos mi sangre! No saben otro, que sangrar la costilla de los zurdos.
No duerma con el mal, encargaban aquéllos.
Repose y descanse en él, decían éstos.