Menos te entiendo por eso. Aún no doy en la cuenta. Que hay muchos á esa traza y bulle la corte dellos.
Pues has de saber que era el capitán de todos, digo la plausible Quimera. ¡Oh monstruo al uso! ¡oh vicio de todos! ¡oh peste del siglo! ¡necedad á la moda!, exclamó el nuevo camarada.
Por eso yo, añadió Critilo, luego que me la ví tan cerca, la conjuré, diciendo:
¡Oh monstruo Cortesano! ¿Qué me buscas á mí? Anda, vete á tu Babilonia común, donde tantos y tontos pasan de ti y viven contigo: todo embuste, mentira, engaño, enredo, invenciones y quimeras.
Anda, vete á los que se sueñan grandes y son fantasmas, hombres vacíos de sustancia y rebutidos de impertinencia, huecos de sabiduría y atestados de fantasía: todo presunción, locura, fausto, hinchazón y quimera.
Vete á unos aduladores falsos, desvergonzados, lisonjeros, que todo lo alaban y todo lo mienten, y á los simples que se los creen, pagando el humo y el viento: todo mentira, engaño, necedad y quimera.
Vete á unos pretendientes engañados y á unos mandarines engañadores, aquéllos pretendiéndolo todo y éstos cumpliendo nada, dando largas, escusas, esperanzas bobas: todo cumplimiento y quimera.
Vete á unos desdichados arbitristas, inventores de felicidades ajenas, trazando de hacer Cresos á los otros, cuando ellos son unos Iros; discurriendo trazas para que los otros coman, cuando ellos más ayunan: todo embeleco, devaneo de cabeza, necedad y quimera.
Vete á unos caprichosos políticos, amigos de peligrosas novedades, inventores de sutilezas malfundadas, trastornándolo todo, no sólo no adquiriendo de nuevo ni conservando de viejo; pero perdiendo cuanto hay, dando al traste con un mundo y aun con dos: todo perdición y quimera.
Vete al Babel moderno de los cultos y afectados escritos y cuyas obras son de tramoya, frases sin concepto, hojas sin fruto, tomos sin lomo, cuerpos sin alma: todo confusión y quimera.