Vete á los tribunales, donde no se oyen sino mentiras; en las escuelas sofisterías, en las lonjas trampas y en los palacios quimeras.

Vete á los prometedores falsos, noveleros, crédulos, entremetidos, desahogados, linajudos, desvanecidos, casamenteros, mentirosos, pleiteantes, necios, sabios aparentes: todo mentira y quimera.

Vete á los hombres de hogaño, llenos todos de engaño, mujeres de embeleco: los niños mienten, los viejos engañan, los parientes faltan y los amigos falsean.

Vete á todo lo que dejamos atrás de un mundo inmundo, laberinto de enredos, falsedades y quimeras.

Con esto traté de huir de ella, que fué del mundo todo, y eché por este camino de la verdad en tan buen punto, que tuve dicha de encontrarte.

Harto fué, dijo el Acertador, que así oyó le llamaban, que todo tú pudieses salir.

No tan todo, respondió Critilo, que no me dejase la mitad, pues otro yo allá queda, Andrenio, aun más amigo que hijo, nada suyo y todo ajeno, rendido á una brutal vinolencia.

Mas aquí, no pudiendo articular las palabras, prosiguió haciendo estremos.

Hora bien, no te pudras tú, le dijo, de lo que otros engordan. Quiero por consolarte y remediarte que volvamos allá y que experimentes el eficacísimo contraveneno del vino, que conmigo llevo.

Es la embriaguez, iba ponderando, el último asalto, que dan al hombre los vicios; es el mayor esfuerzo, que ellos hacen contra la razón. Y así cuentan que, habiéndose coligado todos estos monstruosos enemigos contra un hombre, luego que naciera, embistiéndole ya uno, ya otro, por su orden para más desordenarle, la voracidad cuando más rapaz, la mancebía cuando mancebo, la avaricia cuando varón y la vanidad cuando viejo, viéndole pasar de edad en edad vitorioso y que ya entraba en la vejez triunfando de todos ellos, no pudiéndolo sufrir que así se les escapase y hiciese burla dellos, acudieron á la embriaguez, afianzando en ella su despique. No se engañaron, pues acometiéndole ésta con capa de necesidad, llamando al vino su leche, su abrigo y su consuelo, poco á poco y trago á trago se fué entrando y apoderándose dél hasta rendirle de todo punto. Hízole cerrar los ojos á la razón, abrir puerta á todo vicio, y de modo, que, con lastimosa infelicidad, aquel que toda la vida se había conservado en su virtud y entereza, se halló de repente á la vejez glotón, lascivo, iracundo, maldiciente, locuaz, vano, avaro, ridículo, imprudente. Y todo esto, porque vinolento.