En esto hay mucho que decir y más que callar. Luego que se tuvo por cierto este preñado, viérades asustados los interesados, cuidadosos los que se quemaban, que fueron casi todos los mortales. Trataron luego de consultar los oráculos sobre el caso. Respondióles el primero que pariría un fiero monstruo, tan aborrecible cuan feo. Considerad ahora el mortal susto de los mortales. Acudieron á otro por consuelo y le hallaron. Porque les respondió todo lo contrario, que pariría un pasmo de belleza, un hijo tan lindo cuan amable. Quedaron con esto más confusos y por sí ó por no intentaron ahogarle. Mas en vano. Que aseguran es inmortal y sépalo todo el mundo. Dicen que la verdad es como el río Guadiana, que aquí se hunde y acullá sale. Hoy no osa chistar, parece que anda sepultada, y mañana resucita, un día por rincones y al otro por corrillos y por plazas. Llegará el día del parto y veremos este secreto, saldremos de esta suspensión.

Y tú, que te picas de adivinarlo todo ¿qué sientes de esto? ¿Qué rastreas? ¿No das en quién será este monstruo y este prodigio?

Sí, dijo él, por lo menos lo que podrían ser el primero para los necios y el segundo para los cuerdos.

Yo diría que el primero es.

Pero asomó en estas un raro ente, que venía, no tanto huyendo, cuanto haciendo huir. Hacíase no sólo calle, pero plaza. Daba desaforados gritos y decía:

¿Á mí el loco, cuando hago tantos cuerdos? ¿Á mí el desatinado, que hago acertar? ¿Á mí, á mí, el sin juicio, que á muchos doy entendimiento?

¿Quién es éste?, preguntó Critilo.

Y respondióle:

Ése es un ablativo absoluto, que ni rige ni es regido. Éste es el loco del príncipe tal.

¿Cómo es posible, replicó, que un señor tan cuerdo, llamado por antonomasia el prudente y no el Séneca de España, como si el otro hubiera sido de Etiopía, cómo es creíble lleve consigo un perenal?