Y aun por eso, porque él es prudente.
¿Pues qué pretende?
Oir la verdad alguna vez, que ninguno otro se la dirá ni oirá de otra boca. No os admiréis, cuando viéredes los reyes rodeados de locos y de inocentes. Que no lo hacen sin misterio. No es por divertirle, sino por advertirle. Que ya la verdad se oye por boca de ganso. Ora caminemos, que no podemos estar ya muy lejos de la corte.
Eso de corte, escusadlo, respondió un gran contrario suyo.
¿Y por qué no?
Porque, si no se oyó jamás verdad en corte ¿cómo habrá corte de la verdad? ¿Cómo puede llamarse corte donde no se miente ni se finge, donde no hay mentidero, donde no corren cada día cien mentiras como el puño?
¿Pues qué, preguntó Andrenio, no se puede mentir en esa corte?
¿Cómo si es de la verdad?
¿Ni una mentirilla ni media ni en su ocasión, que es gran socorro?
No por cierto.