¿Pues qué?
Añadiduras de letras, puntillos de íes y tildes de eñes. Por eso es menester guardarles los aires, que siempre andan en puntillos y de puntillas. Ni hay mucho que fiar ni que confiar de personeta ni de sus otros consonantes. Son chiquitos y poquitos y menuditos. Y así dice el catalán:
Poca cosa, para forsa.
Yo conocí un gran ministro, que jamás quiso hablar con ningún hombre muy pequeño ni les escuchaba. Llevan el alma en pena. Si andan, no tocan en tierra, porque van de puntillas, y, si se sientan, ni tocan ni en cielo ni en tierra. Tienen reconcentrada la malicia y así tienen malas entrañuelas. Son de casta de sabandijas pequeñas, que todas pican, que matan. Al fin ellos son abreviaturas de hombres y cifra de personillas.
Otra cifra me olvidaba, que os importará mucho el conocerla, la más platicada y la menos sabida. Entiéndense mil cosas en ella y todas muy al contrario de lo que pintan y por eso se han de leer al revés. ¿No veis aquél del cuello torcido? ¿Pensaréis que tiene muy recta la intención?
Claro es eso, respondió Andrenio.
¿Creeréis que es un beato?
Y con razón.
Pues sabed que no lo es.
¿Pues qué?