Trató Andrenio de seguir el corriente y comenzó á gritar:
¡El gigante, el gigante, el gigantazo!
Y al punto granizaron sobre él dones y doblones y decía:
¡Esto sí que es saber vivir!
Estaba deshaciéndose Critilo y decía:
Yo reventaré, si no hablo.
No hagas tal, le dijo el Descifrador, que te pierdes. Aguarda á que vuelva las espaldas el tal gigante y verás lo que pasa.
Así fué, que al mismo punto, que acabó de hacer su papel de gigante y se retiró al vestuario de las mortajas, comenzaron todos á decir:
¡Qué bobería la nuestra! He, que no era gigante, sino un pigmeo, que ni fué cosa ni valió nada.
Y dábanse el cómo unos á otros.