Él los halla á ellos. Quítales las vendas y abren los ojos, cuando ya no hay que ver. Porque con todo acabaron, hacienda, honra, salud y vida. Y lo que es peor, con la conciencia. Ésta es la causa de estar hoy el Engaño á la entrada del mundo y el Desengaño á la salida, la mentira al principio, la verdad al fin, aquí la ignorancia y acullá la ya inútil experiencia.
Pero lo que más es de ponderar y de sentir, que, aun llegando tan tarde el Desengaño, ni es conocido ni estimado. Como os ha sucedido á vosotros, que habiendo tratado, conversado y comunicado con él, no le habéis conocido.
¿Qué dices, hombre? ¿Nosotros vístole, hablado y comunicado con él? ¿Cuándo y dónde?
Yo os lo diré. ¿No os acordáis de aquel, que todo lo iba descifrando y no se descifró á sí mismo? ¿Aquel que os dió á entender todas las cosas y á él no le conocisteis?
Sí y harto, que yo le suspiro, dijo Critilo.
Pues ése era el Desengaño, el querido hijo de la Verdad, por lo hermoso y lo lucido. Ése, el que causa los dolores, después de haberle sacado á luz.
Aquí hizo estremos de sentimiento Critilo, lamentándose agriamente de que todo lo que más importa no se conoce cuando se tiene, ni se estima cuando se goza y después, pasada la ocasión, se suspira y se desea: la verdad, la virtud, la dicha, la sabiduría, la paz y agora el desengaño.
Al contrario, Andrenio, no sólo no mostró sentimiento, sino positivo gozo, diciendo:
He, que ya nos enfadaba y aun tenía muy hartos de tanta verdad á las claras. ¡Qué buen gusto tuvieron los que supieron sacudir de sí al aborrecible entremetido, mosca importuna! Él podía ser hijo de la verdad; mas á mí me pareció padrastro de la vida. ¡Qué enfado tan continuo! ¡Qué cosa tan pesada! ¡Su desengaño cada día, aquello de desayunarse con un desengaño á secas! No paraba de ir diciendo necedades á título de verdades.
Tú eres un desatinado, le decía al uno sin más ni más.