Sí, porque nada sienten, de nada se consumen ni melancolizan. Pero, lo que es más de admirar, que hay algunos, que no tienen corazón.

¿Pues cómo pueden vivir?

Antes más y mejor, sin cuidados. Que corazón se dijo del curarse y tener cuidados. Á los tales nada les da pena, no se les viene á consumir, como al célebre duque de Feria, que, cuando llegaron á embalsamarle, le hallaron el corazón todo arrugado y consumido, conque le tenía grande. Yo veo si está sano y de qué color, si amarillo de envidia y si negro de malicia. Percibo su movimiento y me estoy mirando hacia dónde se inclina. Las más cerradas entrañas están á mis ojos muy patentes y descubro si están gastadas ó enteras. La sangre veo en sus venas y advierto el que la tiene limpia, noble y generosa. Lo mismo puedo decir del estómago. Luego conozco qué estómago le hacen á cualquiera los sucesos, si puede digerir las cosas. Y me río las más veces de los médicos, que estará el mal en las entrañas y ellos aplican los remedios al tobillo, procede el mal de la cabeza y recetan el untar los pies. Veo y distingo clarísimamente los humores y el de cada uno, si está ó no de buen humor, observándolo para la hora del despacho y conveniencia; si reina la melancolía, para remitirlo á mejor sazón; si gasta cólera ó flema.

Válgate Dios por zahorí, dijo Andrenio, y lo que penetras.

Pues aguarda, que eso es nada. Yo veo, yo conozco si uno tiene alma ó no.

¿Pues hay quien no la tenga?

Sí y muchos y por varios modos.

¿Y cómo viven?

En diptongo de vida y muerte. Andan sin alma como cántaros y sin corazón como hurones. Y en una palabra, de pies á cabeza, comprendo un sujeto, por dentro y fuera le reconozco y le defino, con que á muchos no les hallo definición. ¿Qué os parece de la habilidad?

Que es cosa grande.