El famoso que la ganó.
He, que no veo puerta ni ventana.
No faltará alguna, que los que no pueden por las principales, entran por las escusadas.
Aun ésas no descubro.
Alto, entra por la de los entremetidos, que son los más.
Y realmente fué así, que entraron allá con grande facilidad entremetiéndose.
Luego que se vieron dentro, comenzaron á discurrir por el embustero palacio, notando cosas bien raras, aunque muy usadas en el mundo. Oían á muchos y á ninguno veían ni sabían con quién hablaban.
¡Estraño encanto!, ponderaba Critilo.
Has de saber, le dijo el Zahorí, que en entrando acá los más se vuelven invisibles, todos los que quieren y obran sin ser vistos. Verás cada día hacerse malos tiros y esconder la mano, tirar guijarros sin atinar de dónde vienen y echar voz que son duendes. Lo más se obra bajo manga. Hacen la copla y no la dicen. Mas, como yo tengo en estos ojos un par de viejas, en vez de niñas, todo lo descubro, que en eso consiste mucho el ser Zahorí. Sígueme, que has de ver bravas tramoyas y raros modos de vivir, no olvidando el descubrir á Andrenio.
Introdújole en el primer salón desahogadamente capaz. Tendría cuatrocientos pasos de ancho, como dijo aquel otro duque, exagerando uno de sus palacios. Y riéndose los otros señores, que le escuchaban, le preguntaron: