¿Pues cuánto tendrá de largo?
Aquí él queriendo reparar su empeño, respondió:
Tendrá algunos ciento y cincuenta.
Estaba todo él coronado de mesas francesas con manteles alemanes y viandas españolas, muchas y muy regaladas, sin que viese ni supiese de dónde salían ni cómo venían; sólo se veían de cuando en cuando unas blancas y hermosas manos, con sus dedos coronados de anillos, con macetas de diamantes, muchos finos, los más falsos, que por el aire de su donaire servían á las mesas los regalados platos. Íbanse sentando á las mesas los convidados ó los comedores. Descogían los paños de mesa; mas no desplegaban sus labios. Comían y callaban, ya el capón, ya la perdiz, el pavo y el faisán, á costa de sus fénix, sin costarles un maravedí y cuando más una blanca, sin meterse en averiguar de dónde salía el regalo ni quién lo enviaba.
¿Quién son éstos, preguntó Critilo, que comen como unos lobos y callan como unos borregos?
Éstos, le respondió su veedor Zahorí, son los que de nada tienen asco, los que sufren mucho.
Pues moscas en la delicada honra, ¿qué tienen que sufrir los que están tan regalados?
Y aun por eso.
¿De dónde sale tanta abundancia, Zahorí mío?
De la copia de Amaltea; pero déjalos, que todo esto es un encanto de mediterráneas sirenas.