¿Y aquél?

El Zaino, otro que tal.

¿Creerás que no veo alguno déstos, que no me asuste? Heles cobrado especial recelo.

No me admiro. Porque á ninguno llegan á hablar, que no le suceda lo mismo. Todos los temen y se previenen.

Por eso cuentan de la raposa, dijo el Nariagudo, que, volviendo un día muy asustados sus hijuelos á su cueva, diciendo habían visto una espantosa fiera con unos disformes colmillos de marfil:

Quitá de ahí, no hay que temer, les dijo, que ese es elefante y una gran bestia: no os dé cuidado.

Volvieron al otro día huyendo de otra, decían, con dos agudas puntas en la frente.

He, que también es nada, les respondió, que sois unos simples.

Agora sí, que hemos topado otra con las uñas como navajas, ondeando horribles melenas.

Ése es el león; pero no hay que hacer caso, que no es tan bravo como le pintáis.