Pues sabed que ésas son las oficinas donde se funden los buenos caudales. Ahí se forjan los grandes hombres. En esos talleres se desbastan de troncos y de estatuas y se labran los mayores sujetos. Mirad bien aquel primer palacio tan suntuoso y augusto. En él se fundieron los mayores hombres de aquel siglo, los prudentes senadores, los sabios consejeros, los famosos escritores. Y así como otros inculcan estatuas mudas entre columnas pesadas para adorno de las vistosas fachadas, aquí veréis gigantes vivos, varones eminentes.
Así es, dijo Critilo, que aquel de la mano derecha parece el sentencioso Horacio y el de la izquierda es el más fecundo que facundo Ovidio, coronándole el superior Virgilio.
Según eso, dijo Andrenio, ¿aquél es el palacio del más augusto de los Césares?
No has de decir; se vió la oficina heroica de los mayores sujetos de su tiempo. Ese gran emperador les dió entendimiento con sus estimaciones y ellos á él inmortalidad con sus escritos. Volved la mira á aquel otro, no fabricado de mármoles sin alma, sino de vivas columnas, que sostienen reinos, escuela cortesana de los mayores entendimientos, y fueron muchos en aquella era.
¿Sería grande su dueño?
Y aun magnánimo, pues el inmortal rey Don Alonso, por quien se dijo que Aragón era la turquesa de los reyes.
Vieron otro de animadas piedras, hablando con lenguas de inscripciones. No se veían tablas rasas de mármol, como en otros alcázares; sino grabadas de sentencias y heroicos dichos.
¡Oh, gracias al cielo, dijo Critilo, que veo un palacio, que huele á personas!
Fuélo mucho su gran dueño, digo el rey Don Juan el Segundo de Portugal, volviendo por el crédito de los Juanes. Pero no es menos de admirar aquél, que allá se ve alternado de espadas y de plumas del rey Francisco el primero de la Francia, estendiendo á la par ambas reales manos á los sabios y á los valerosos, que no á los farsantes y farfantes. Mas ¿no reparáis en aquel coronado de palmas y de laureles, que ocupa el supremo ápice del orbe y de los siglos? Aquél es el inmortal trono del gran pontífice León décimo, en cuyo seno anidaron las águilas ingeniosas, más seguramente que en el del fabuloso Júpiter; aunque fué ingeniosa invención para declarar cuán favorecidos deben ser de los príncipes los varones sabios, águilas en la vista y en el vuelo. Aquel otro es del prudentazo rey de las Españas Felipe el Segundo y escuela primera de la prudente política, donde se forjaron los grandes ministros, los insignes gobernadores, generales y virreyes.
¿Qué tienda militar es aquélla, que se hace lugar entre los palacios magníficos? ¿Á qué propósito se baraja lo militar con lo cortesano?