¿Pues por qué?
Porque piensan ellos que el celebrarlos es deuda y así no hacen mérito del obsequio. Creen que procede de justicia, cuando no es sino muy de gracia. Por lo tanto anduvo discretamente donoso aquel autor, que en la segunda impresión de sus obras puso entre las erratas la dedicatoria primera.
Al contrario en otra oficina atendieron cómo estaban forjando cien hombres de uno, cien reyes de un Don Fernando el Católico y aún le quedaba sustancia para otros tantos. Aquí era donde se fundían los grandes caudales y se formaban las grandes testas, los varones de chapa, los hombres sustanciales. Y notó Andrenio que lo más dificultoso de ajustar eran las narices.
Hartas veces lo he reparado yo, decía Critilo, que suele acertar la naturaleza las demás facciones. Sacaba unos buenos ojos con ser de tanto artificio, una frente espaciosa y serena, una boca bien ajustada; pero en llegando á la nariz se pierde y de ordinario la yerra.
Es la facción de la prudencia ésa, ponderó el Cuerdo, tablilla del mesón del alma, señuelo de la sagacidad y providencia.
Resonó en esto un vulgar estruendo de trompetas y atabales.
¿Qué es esto?, corrían de unas y otras partes preguntando.
Pregón, pregón, respondían otros.
¿Qué cosa?
Un bando, que manda echar el coronado Saber por todo su imperio de aciertos.