Entiendan todos que aquel otro refrán, que dice aquello se hace presto, que se hace bien, proprio de los españoles, es más en favor de mozos perezosos, que de amos bien servidos, y así se ordena á petición de los franceses y aun de italianos que se vuelva del revés y diga en favor de los amos puntuales: aquello se hace bien, que se hace presto.

Que por ningún acontecimiento se diga, que la voz del pueblo es la de Dios; sino de la ignorancia y de ordinario por la boca del vulgo suelen hablar todos los diablos.

Item se suspende en esta era aquel otro honra y provecho no caben en un saco, viendo que hoy el que no tiene no es tenido.

Como una gran blasfemia se veda el decir ventura te dé Dios, hijo, que el saber poco te basta, por cuanto de sabiduría nunca hay bastante ¿y qué mayor ventura que el saber y ser persona?

Así como unos se prohiben del todo, otros se enmiendan en parte. Por lo cual no se diga que al buen callar llaman Sancho, sino Santo y en las mujeres milagroso, si ya no es que por Sancho se entienda lo callado del conejo.

¿Quién tal pudo decir asno de muchos, lobos se lo comen?; antes él se los come á ellos y come como un lobo y come el pan de todos, diciendo: Yo me albardaré y el pan de todos me comeré; que ya el ser muy hombre embaraza y el saber bobear es ciencia de ciencias.

Fué muy mal dicho el mozo y el gallo un año, porque, si es malo, ni un día, y si bueno, toda la vida.

Item se condenan á descaramiento algunos otros, como decir preso por mil, preso por mil y quinientas; al mayor amigo, el mayor tiro. Y aquello de ándeme yo caliente y ríase la gente es una muy desvergonzada frialdad; sólo se les permita á las mujeres, que andan escotadas el decir ándeme yo fría y mas que todo el mundo se ría.

Otros se mandan moderar, como aquel bien haya quien á los suyos parece, que no se ha de estender á los hijos y nietos de alguaciles, escribanos, alcabaleros, farsantes, venteros y otra simili canalla.

Otros se interpretan como aquel dondequiera que vayas, de los tuyos hayas; antes se ha de huir de los suyos el que quisiere vivir con quietud, paz y contento, y de sus paisanos el que pretendiere honra y estimación.