Allá van leyes, donde quieren los reyes; no digo sino los malos ministros.
Á mal paso, pasar postrero; por ningún caso, ni primero ni postrero, sino rodear.
Cuando la barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya en remojo: ¿de qué servirá, sino de que se la pelen más fácilmente y aun se la repelen?
Más da el duro, que el desnudo: una por una ya dió éste hasta la capa, el otro aún se está por ver; y él repite para tener dineros, tenerlos.
Item se ordena que no se diga que los criados son enemigos no escusados; sino muy escusados y que para cada falta tienen cien escusas. Los hijos, sí, se llamen de esa suerte ó enemigos dulces, que cuando chiquitos hacen reir y cuando grandes llorar.
Grande pie y grande oreja, señal de grande bestia: mas no, sino un piedecito de un chisgarabís sin asiento ni fundamento; y una grande oreja es alhaja de un príncipe, para oirlo todo.
Item, ninguno se persuada que son buenas mangas después de pascua y cuanto más anchas, peores, si es por pascua florida.
Tampoco vale decir quien calla otorga; antes es un político atajo del negar y, cuando uno otorga en su favor, no se contenta con un sí, sino que echa media docena.
Aquello de á uso de Aragón, á buen servicio mal galardón, los aragoneses lo entienden por pasiva.
Á falta de buenos, han hecho á mi marido jurado: engáñase, que antes por ser ruin notoriamente, que ya se buscan los peores.