Pero lo más digno de reparo fué que á todo esto, no sólo no cesaron de su necia porfía, cuando llegaron á ellos los tres pasajeros; antes renovaron con mayor empeño la pendencia. Arremetieron á la par ambos peregrinos á detenerlos, dejando libre al Varón de sesos, que como tal, en viendo la suya, dejó la ajena y se metió en salvo, dejándolos á ellos en el empeño. Que siempre falta el seso á lo mejor y la cordura, cuando más fué menester. Con harta dificultad pudieron sosegarlos, preguntándoles la ocasión de su debate, á que respondieron ser por ellos. Causóles mayor reparo y aun cuidado.

¿Cómo por nosotros, si no nos conocéis ni os conocemos?

Ahí veréis lo poco que han menester para empeñarse dos necios. Peleamos por cuál os ha de ganar y conduciros á su región muy opuesta.

Si por eso es, tratad de deponer los aceros y de informarnos de quiénes sois y adónde pretendéis llevarnos, dejándolo á nuestra elección.

Yo, dijo el primero, queriéndolo ser en todo, soy el que guío los mortales pasajeros á ser inmortales, á lo más alto del mundo, á la región de la estimación, á la esfera del lucimiento.

Gran cosa, dijo Critilo: á esa parte me atengo.

Y tú ¿qué intentas?, le preguntó al otro Andrenio.

Yo soy, respondió, el que en este paraje de la vida conduzgo los fatigados viandantes al deseado sosiego, á la quietud y al descanso.

Hízole grande armonía á Andrenio esto del descansar, aquello de tender la pierna y dedicarse á la venerable poltronería y declaróse luego de su banda. Creció con esto la contienda, pasando de los dos guerreros á los dos peregrinos, y trabóse más porfiadamente entre los cuatro.

Yo, decía Andrenio, al dulce ocio me consagro. Ya es tiempo de descansar. Trabajen los mozos, que ahora vienen al mundo, suden como nosotros hemos sudado, anhelen y revienten por conseguir los bienes de la industria y la fortuna; que á un viejo permítasele entregarse ya al dulce ocio y al descanso, atendiendo á su regalo, cuando no hace poco en vivir.