Pues dínos, así te vea yo siempre lleno de dejadme estar, ¿quién es el que le embaraza, si no le llena?

Éstos, dijo, son los célebres desvanes de aquella tan nombrada reina, la hija sin padres.

Causóles mayor admiración.

Hija y sin padres ¿cómo puede ser? Contradicción envuelve. Si es hija, padre ha de tener y madre también, que no viene del aire.

Antes sí y dígoos que no tiene ni uno ni otra.

¿Pues de quién es hija?

¿De quién? De la nada y ella lo piensa ser todo y que todo es poco para ella y que todo se le debe.

¡Hay tal hembra en el mundo! ¡Y que no la conozcamos nosotros!

No os admiréis de eso, que os aseguro que ella misma no se conoce y los que más la tratan menos la entienden y viven desconocidos de sí mismos y quieren que todos los conozcan. Y si no, preguntadle de qué se desvanece el otro, no ya el que se levantó del polvo de la tierra, el nacido entre las malvas; sino el más estirado, el que dice se crió en limpios pañales. Á todos cuantos hay, que todos son hijos del barro y nietos de la nada, hermanos de los gusanos, casados con la pudrición. Que, si hoy son flores, mañana estiércol, ayer maravillas y hoy sombras, que aquí parecen y allí desaparecen.

Según eso, dijo Andrenio, ¿esta vana reina es ó quiere ser la hinchadísima Soberbia?