Pues de verdad que ni de carne de doncella.

No hay cuarto como el real, concluyó Andrenio, y más, si fuere de á ocho.

¡Qué cansado salgo, decía Critilo, del primer desván!

Pues advierte que aún nos quedan muchos y más enfadosos. Dirálo éste.

Era muy ostentoso, porque había en él sitiales, doseles, tronos y troneras.

Aquí habéis de entrar, les dijo el Jactancioso, y ya ceremonioso, haciendo cortesías y zalemas: á tantos pasos una inclinación y á tantos otra, de modo, que á cada paso su ceremonia y á cada razón su lisonja. Como si entrásedes á la audiencia del rey don Pedro el Cuarto de Aragón, llamado el Ceremonioso, por lo puntual y por lo autorizado en el modo del portarse. Aquí veréis las humanidades, afectando divinidades; toparéis adoradas muchas estatuas de insensibilidad. Vieron ya en un estrado una muy desvanecida hembra, que sin título ni realidad, se hacía servir de rodillas y muy mal, porque si aun ministrando el paje con manos y con pies y con toda la acción del cuerpo, se turba y no acierta á hacer cosa, ¿qué será sirviendo á medias, torciendo el cuerpo, doblando la rodilla, en gran daño de los búcaros y vidrios?

Viendo esto, dijo Critilo:

Mucho me temo que estas rodillas de estrado han de venir á parar en rodillas de cocina.

Y realmente fué así, que toda aquella fantasía de adoraciones vino á parar en humillaciones y toda la afectación de grandeza se trocó en confusión de pobreza. Pero lo que les cayó muy en gusto y aun donaire fué ver tres casas llenas de pepitoria de familia, que con un solo título pretendían todos la señoría, unas por tías, otras por cuñadas, los hijos por herederos, las hijas por damas. De modo que entre padres y hijos, tíos y cuñados, llegaban á ser ciento. Y así dijo una harto entendida que aquella señoría parecía ciento en un pie.

Era de reir oirles hablar hueco y entonado y con tal afectación, que aseguran que un cierto gran señor hizo junta de físicos para ver si podrían darle modo cómo hablar por el cogote, para distinguirse del pueblo: que eso de hablar por la boca era una cosa común y vulgar.