¿No os parece que dije bien?

Dictaba uno de estos, que se escuchan, un memorial para el rey y díjole al escribiente, que no llegaba á secretario:

Escribí, señor.

Y no bien hubo escrito esta sola palabra, cuando le dijo:

Leed.

Leyó señor y él, cayéndosele la baba, comenzó á exclamar:

Qué bien, señor, bien, mil veces bien.

Había muchos déstos, que como si echaran preciosidades por la boca, peores que los que miran en el lienzo lo que arrojan por las narices, á cada palabra hacían pausa, solicitando el aplauso. Y si el oyente ó enfadado ó frío se les escusaba, ellos mismos le acordaban el descuido:

¿Qué os parece? ¿No estuvo bien dicho?

Pero los rematados eran algunos oradores, que en puesto tan grave y alto decían: