¡Esto sí que es discurrir! Aquí, aquí ingenios míos, de puntillas, de puntillas.
Cuando menos se tenía lo que decían, cuando menos subsistía el conceptillo.
Y así decía uno déstos:
Séneca dijo esto; pero más diré yo.
¡Hay necedad más garrafal!, glosó Andrenio. ¡Qué esto pueda decir un blanco!
Dejadlo, que es andaluz, dijo otro, ya tienen licencia.
Esto dificultan los sabios, proseguía; yo daré la solución, yo lo diré y más y más.
Juro por vida de la cordura, exclamó Critilo, que sueñan todos éstos en opinión de juicio y que dijo bien aquel gran monarca, habiendo oído á uno déstos:
Traedme quien ore con seso.
Y á otro semejante le apodó buñuelo de viento.