Y quedóse muy casado con su nada.

Válgate por cueva de la nada, decía Critilo, y lo que te sorbes y te tragas.

Estaban dos ruincillos, que no les dieran del pie, arrojando á puntillazos allá dentro á muchos hombres grandes, gente sin cuento por no ser de cuenta, sin darse manos de echar por no tenerlas.

Allá van, decían, noblezas, hermosuras, gallardías, floridos años, bizarrías, galas, banquetes, paseos, saraos, entretenimientos, al covachón de la nada.

¡Hay tal monstruosidad!, se lastimaba Critilo. ¿Y quién es esta vil canalla?

Aquel es el Ocio y este otro es el Vicio, camaradas inseparables.

Oyeron que estaba un ayo ponderándole á un hijo segundo de una de las mayores casas del reino:

Mirad, señor, que podéis ser mucho.

¿Cómo?

Queriendo.