He, que nací tarde.
Adelantaos con la industria y con el mérito, recompensando con el valor el poco favor de la fortuna, que ése fué el atajo del Gran Capitán y algunos otros, que se aventajaron á sus venturosos mayorazgos. Pudiendo ser un león en la campaña, ¿queréis ser un lechón en el cenagal de la torpeza? Oid cómo os llaman los bélicos clarines á emplear las trompas de la fama. Cerrad los oídos á las cómicas Sirenas, que os quieren echar á pique de valer nada.
Mas él, haciendo chanzas de las hazañas, respondía:
¿Yo balas, yo asaltos, yo campañas, pudiéndome andar del paseo al juego, de la comedia al sarao? De eso me guardaré yo muy bien.
Mirad que valdréis nada.
Que no se me da nada.
Y así fué, que tampoco se le dió nada y alcanzó nada.
Á quien se le logró la diligencia fué al Honroso, que, viendo que un padre verdadero y muy prudente enviaba un hijo suyo, mozo de buenas esperanzas, á la Universidad de Salamanca para que por el atajo de las letras, que de verdad lo es así como rodeo el de las armas, llegase á conseguir un gran puesto, él en vez de ir á cursar, echó por el divertimiento y se encaminaba al paradero ordinario de valer nada. Compasivo el Honroso de ver perderse tan voluntariamente un tan buen ingenio, llegóse á él y díjole:
Señor legista, qué malparecer habéis tomado, pudiendo estudiar y velando lucir y pretendiendo un colegio mayor, pasar á una chancillería y á un consejo real, que no hay más seguro pasadizo, que una beca. Olvidando todo esto, queréis malograr el precioso tiempo, hundir la hacienda y frustrar las esperanzas de vuestros padres. Cierto, que habéis tomado mal consejo.
Valióle este aviso y aun desengaño, que importa mucho el tener buen entendimiento para abrazar la verdad. Y aseguran que velando y valiendo de grada en grada llegó á una presidencia, honrando su casa y su patria. Pero fué éste la Fénix entre muchos patos. Que lo común es trocar el libro por la baraja, el teatro literario por el cómico corral y el vade por la guitarra, con que el derecho anda tuerto y aun á ciegas, el digesto maldigerido, yendo á parar en la cueva de la nada, no siendo ni valiendo nada.