De solos comentarios sobre la primera parte de santo Tomás le vió echar media docena y decía:
Andad allá.
¿Qué decís?
Lo dicho. Y haréis lo hecho. Allá van esos expositivos secos como esparto, que tejen lo que ha mil años que se estampó.
De los legistas arrojaba librerías enteras y añadió que, si le dejaran, los quemara todos, fuera de unos cuantos. De los médicos echaba sin distinción, porque aseguraba que ni tienen modo ni concierto en el escribir.
Mirad, decía, qué tanto, que aún no saben disponer un índice y esto habiendo tenido un tan prodigioso maestro como Galeno.
Entretanto que esto le pasaba á Critilo, fuése acercando Andrenio al boquerón de la cueva y puso el pie en el deslizadero de su umbral; mas al punto arremetió á él el Honroso, diciéndole:
¿Dónde vas? ¿Es posible que tú también te tientas de ser nada?
Déjame, le respondió, que no quiero entrar; sino ver desde aquí lo que por allá pasa.
Riólo mucho el Honroso y díjole: