De verdad, señor, que estos vuestros sabios son unos grandes necios, pues andan buscando por la tierra la que está en el cielo.

Y dicho esto, que no fué poco, dió las puertas afuera.

Basta, confesaron todos, que un loco había de topar con la verdad.

Y en confirmación, el Mascardo peroró así:

En el cielo, señores, todo es felicidad; en el infierno, todo es desdicha; en el mundo, como medio entre estos dos estremos, se participa de entrambos: andan barajados los pesares con los contentos, altérnanse los males con los bienes, mete el pesar el pie donde le levanta el placer, llegan tras las buenas nuevas las malas, ya en creciente la luna, ya en menguante, gran presidenta de las cosas sublunares. Sucede á una ventura una desdicha y así la temía Filipo el macedón, después de las tres felices nuevas. Tiempo señaló el sabio para reir y tiempo para llorar. Amanece un día nublado, otro sereno, ya mar en leche y ya en hiel. Viene tras una mala guerra una buena paz, con que no hay contentos puros, sino muy aguados y así los beben todos. No tenéis que cansaros en buscar la felicidad en esta vida; milicia sobre el haz de la tierra. No está en ella y convino así. Porque, si aun deste modo, estando todo lleno de pesares, sitiada nuestra vida de miserias, con todo eso no hay poder arrancar los hombres de los pechos desta villana nodriza, despreciando los brazos de la celestial madre, que es la reina: ¿qué hicieran, si todo fuera contento, gusto, placer, solaz y felicidad?

Con esto se dieron por entendidos nuestros dos peregrinos, Critilo y Andrenio y con ellos todos los mortales, añadiendo el cortesano:

En vano, oh peregrinos del mundo, pasajeros de la vida, os cansáis en buscar desde la cuna á la tumba esta vuestra imaginada Felisinda, que el uno llama esposa, el otro madre. Ya murió para el mundo y vive para el cielo. Hallarla heis allá, si la supiéredes merecer en la tierra.

Disolvióse la magistral junta, quedando desengañados todos al uso del mundo, tarde. Convidóles el cortesano á ver algo de lo mucho, que se logra en Roma.

Pero lo más que hay que ver, decían ellos y la mejor vista es ver tantas personas, que, habiendo nosotros peregrinado todo el mundo, podemos asegurar no haber visto otras tantas.

¿Cómo decís que habéis andado todo el mundo, no habiendo estado sino en cuatro provincias de la Europa?