¿Pues qué? ¿El estar tan dividida y como hecha jigote en poder de tantos señores y señorcitos, saliéndole estéril toda su política y sirviéndola de nada toda su razón de estado?

Tampoco es eso.

¡Válgate Dios! ¿Pues qué será? ¿Es por ventura aquello de ser campo abierto á las naciones estranjeras, palenque de españoles y franceses?

He, que no es eso.

¿Si sería el ser maestra de invenciones y quimeras, porque eso pasó de la Grecia al Lacio juntamente con el imperio?

Ni eso ni estotro.

¿Pues qué puede ser? Que ya me doy por vencido.

¿Qué? El haber tantos italianos. Que si eso no tuviera, hubiera sido sin oposición el mejor país del mundo. Y vese claro, pues Roma con el concurso de las naciones se viene á templar mucho. Por eso dicen que Roma no es Italia ni España ni Francia; sino un agregado de todas. Gran ciudad para vivir; aunque no para morir. Dicen que está llena de santos muertos y de demonios vivos. Paradero de peregrinos y de todas las cosas raras, centro de maravillas, milagros y prodigios. De suerte, que más se vive en ella en un día, que en otras ciudades en un año, porque se goza de todo lo mejor.

Un secreto ha días deseo saber de la Italia, dijo Critilo.

¿Qué cosa?, le preguntó el cortesano.